31st ago 2011

ME GUSTA, HAZTE FAN, FOLLOW ME.

 

Uno cree que no tiene ningún tipo de problema cuando se sienta, inocentemente, frente al ordenador nada más levantarse. Te tomas el Cola-Cao/zumo/café con la mirada clavada en la pantalla de inicio de tu Facebook, mientras observas hipnotizado todas las cosas que te has perdido mientras dormías. Empiezas a sentir que estás fuera del mundo. Hasta que no leas todo lo que han publicado tus amigos no volverás a ser persona.

Miras el reloj con el único fin de comprobar que efectivamente vas a llegar tarde al trabajo. Te metes corriendo en la ducha, te lavas los dientes, te vistes y te vas. Ya tendrás tiempo en el Metro de ir actualizando tu Twitter desde el iPhone/BlackBerry. En los 20 minutos que dura tu trayecto hasta el trabajo te va a dar tiempo a comentar con tus ‘followers’ las ojeras de la señora de enfrente, el olor a sobaco del que tienes a tu izquierda y lo aburrido que fue el capítulo de tu serie favorita anoche.

Llegas al trabajo apurando el último cigarro. Subes corriendo para no encontrarte a tu jefe en el ascensor, porque si te ve sabrá que estás llegando tarde y la excusa de que el Metro se paró ya no va a colar. Hueles que se te va a caer el pelo. Tu adicción a las redes sociales no sólo te hace llegar tarde sino que además te convierte en un mentiroso compulsivo.

Te sientas en tu escritorio y enciendes tu ordenador. La página de inicio de Safari te delata. Facebook otra vez. Y así continúas tu espiral de autodestrucción y mandas a la mierda tu escasa productividad y con ella la de tu empresa. No sólo porque tú estés en esa mierda metido, sino porque el 80 % de tus compañeros de oficina están en lo mismo.

Pasan 8 horas, tu jornada se acaba y no has hecho prácticamente nada. Tu mañana se resume en 10 comentarios en las fotos de tus últimas vacaciones, 2 publicaciones en el muro y 3 solicitudes de amistad aceptadas. Una de ellas es una antigua compañera de instituto de cuando vivías en Palencia. Te gustaba y tú a ella por lo que el tono de los mensajes de “reencuentro” tienen toda la carga pastelosa de cuando compartíais pasillos de instituto.

Sales del trabajo y te vas a casa de tu novia. En el tiempo que aprovechas para ir a mear, ella husmea tu iPhone/BlackBerry. Te ha cazado. Ha leído los mensajes que le escribiste hace dos horas a la de Palencia y te quiere mandar a la mierda. Una marea de “no es lo que parece”, “hace años que no la veo”, “trataba de ser amable”, etc. no consiguen convencer a tu chica, que te pide que cierres tu perfil de Facebook. Es el fin.

Tu adicción a las redes sociales te está jodiendo en el trabajo y en tu vida amorosa, así que te planteas si de verdad merece la pena. Has tomado la decisión de mandarlo a la mierda, pero antes de cerrarlo, vas a sucumbir al placer de poner un último estado: “Me voy”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>